Por JUAN TH

Hipólito Mejía ganará la convención, mucho a poco, posiblemente con más del 70%, para convertirse en el candidato presidencial, reafirmando así su arraigo y popularidad dentro y fuera del PRD. El restante 30 o 20% debe saber que Hipólito no es hombre de anidar rencor ni odio contra nadie. Hipólito es un hombre de partido, de unidad, como lo ha demostrado a lo largo de sus años de militante y dirigente del PRD. La retaliación interna no suma, divide y resta. Y el político que busca el poder tiene que sumar, barrer hacía dentro, no hacía afuera. Primero concertar adentro para luego concertar afuera.
Hipólito Mejía es un ente de equilibrio y unidad en el PRD. Sabe que Miguel Vargas, en su condición de presidente del partido, es importante y necesario, como lo es Luis Abinader, Guido Gómez Mazara, Eligio Jáquez, Ramón Alburquerque, Milagros Ortiz Bosch, Emmanuel Esquea, Tirso Mejía Ricart, ivelisse Prats, Jaime Aristy Escuder, Andy Dahuajre, Chú Vásquez, Andrés Bautista, Roberto Rodríguez, Hugo Tolentino Dipp, Orlando Jorge Mera, Mario Torres y Neney Cabrera, entre muchos otros. Hipólito es garante de la unidad del PRD, porque así lo decidirán las bases al votar por él, porque Hipólito no convierte en enemigos a sus compañeros. Hipólito dice que los enemigos del PRD no están dentro del PRD, sino fuera.
No importa cuál sea el porcentaje que tengan en las encuestas los aspirantes a la nominación presidencial, todos tendrán su espacio y su importancia en los equipos de trabajo que tendrán como propósito llevar al PRD al poder con Hipólito de candidato.
Hipólito es garante de la unidad del PRD y de llevar otra vez al PRD al poder. Quiere decir que primero la unidad interna, luego un gran acuerdo nacional con los sectores progresistas para juntos iniciar la carrera por la presidencia de la República para desde allí iniciar, de una vez y por todas, un verdadero Plan de Desarrollo.
La soberanía del PRD no descansa en su dirección, sino en sus bases a través de los organismos correspondientes. Tener mayoría en la Comisión Política o el Comité Ejecutivo Nacional en un momento determinado, no es sinónimo de triunfo. La dirección representa menos del diez por ciento de la matricula del partido. Esa mayoría que representa más del 90% irá a la convención a ratificar la victoria de Hipólito, que no será el candidato de un grupo, ni siquiera del suyo, será el candidato de todo el PRD. ¡No al sectarismo, a la retaliación, al atropello, al abuso, y la desconsideración de nadie dentro del partido!
¡Llegó Papá! Si, llegó Papá. Y un Papá no ofende, ni maltrata a sus hijos. No debe hacerlo, pues de lo contrario no es Papá. Un Papá protege y defiende a los suyos.
Nadie dentro del PRD puede sentirse atemorizado ni empequeñecido por la victoria grande de Hipólito en la convención. No hay razones para el miedo. Por el contrario, hay espacio para todos.
La “Hipolitomanía” se extiende por todas partes. Donde quiera que llega Papá la gente corre a su encuentro. La gente quiere abrazarlo, hablarle de sus problemas, hacerle saber que lo respalda, hacerse fotos con él con los teléfonos móviles. Hipólito es hoy día un fenómeno político-electoral impresionante. Nada ni nadie puede detener ese tsunami de popularidad. Los nuevos asesores del presidente del partido tienen que estar asombrados. Su experiencia le indica que no hay vuelta atrás, que lo mejor es un entendimiento, un pacto entre compañeros que no se parezca en nada al de las corbatas azules, donde Leonel Fernández engañó como a un niño a Miguel Vargas.
Hipólito es virtualmente el candidato presidencial del PRD. El dos por ciento es ya más del 60. Un hecho sin precedente. Ese dos por ciento necesita el cien por ciento. Y tendrá que ser así luego de la convención.
Consumado el hecho, convertido Hipólito en candidato oficial, nadie detendrá la carrera del PRD hacia el Palacio Nacional. No importa que el candidato del gobierno sea Leonel, Danilo, Francisco Javier, José Tomas o quien sea, Hipólito Mejía será nuevamente presidente de la República. ¡Sí señor!
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