Autor: Bunel Ramírez Merán

En política no hay enemigo pequeño, dice la expresión popularmente manejada. El mejor ejemplo de eso es Hipólito Mejía, ex presidente de la República Dominicana, que salió del poder en 2004 después de una Repostulación contra todo pronóstico, donde a penas alcanzó el 32 por ciento de aceptación y descendió, desde entonces, a niveles extraordinariamente bajos, al rededor del 5 por ciento.
Mantuvo una escasa popularidad por años tanto a lo interno de su partido, el Revolucionario Dominicano, PRD, como fuera del mismo. Incidió, en su contra, sobre manera, la agresiva campaña de descredito llevada a cabo por el gobierno de Leonel Fernández y el Partido de la Liberación Dominicana, PLD, por el mal manejo, que al decir de ellos, le había dado a la economía, a raíz de la quiebra de importantes bancos del sistema.
El tiempo, factor indispensable para el esclarecimiento de los hechos, le dio la razón a Hipólito respecto del manejo dado por su gobierno a la crisis bancaria, que le había generado críticas desmedidas, cuando en Europa y Estados Unidos dieron iguales o similares soluciones a las mismas situaciones bancarias. Este hecho, fortuito por demás, trajo consigo la retractación implícita de las críticas que había recibido por parte de sectores peledeistas, básicamente.
Más tarde, como por arte de magia, Miguel Vargas Maldonado, que acababa de salir de un proceso electoral por la carrera presidencial en que obtuvo el 42% de los votos y con el control total del PRD, pactó la reforma constitucional de 2010 con Leonel Fernández, eliminado el “nuca jamás” de la Constitución y habilitó a Hipólito Mejía. En ese momento comenzó su ascenso en la aceptación popular y a ritmo de “llegó papá” pasó del sótano, con el 5 por ciento, a ser el campeón, con el 54, para ganarle sorpresivamente, a Miguel Vargas la candidatura presidencial.
Hoy Hipólito Mejía es el candidato del Partido Revolucionario Dominicano a la presidencia de la República. Se enfrentará a Danilo Medina, seguro candidato del Partido de la Liberación Dominicana y recibirá el apoyo de un sector del Partido Reformista Social Cristiano, PRSC, que se dividirá otra vez. De igual modo, y ante la ausencia de Leonel Fernández, una parte importante de los partidos aliados al gobierno, que conforman el llamado Bloque Progresista pasará a fortalecer la candidatura de perredeista de Hipólito Mejía, toda vez que los partidos minoritarios, en sentido general, se alían al mayoritario que tenga más posibilidades de alcanzar el poder.
Se recuerda que los Partidos Quisqueyano Demócrata Cristiano, PQDC, de los Trabajadores Dominicanos, PTD, y de la Unidad Democrática, UD, formaron parte del Acuerdo de Santo Domingo que apoyó al Dr. José Francisco Peña Gómez y al propio Hipólito Mejía, por lo que no será difícil reeditar esos acuerdos.
A un año y un mes de las elecciones presidenciales Hipólito Mejía no tiene competencia. La situación del Partido de la Liberación Dominicana anuncia la división que, si no expresamente, lo será soterrada. Los seguidores de Danilo Medina, que no hay razones políticas para no ser candidato del PLD, ante una eventual candidatura de la doctora Margarita Cedeño de Fernández, no sumarían sus fuerzas a esa causa; recíprocamente, los simpatizantes por el Presidente Fernández, de quienes una buena parte apoya a Cedeño de Fernández, no endosarían a Danilo Medina como su candidato. Esa es la realidad del PLD cuyas verdaderas razones solamente las conocen ellos.
Otro factor político favorable a Hipólito Mejía es lo que ocurre en el Partido Reformista donde no hay posibilidades de superar las diferencias entre Amable Aristy Castro y Carlos Morales Troncoso, quienes se disputarán la candidatura presidencial para el 2012. Amable sigue siendo el candidato natural de PRSC y Carlos Morales Troncoso no logra repuntar y encender en las bases de ese partido, pero no escatima esfuerzos para cerrarle el paso a Amable. Ahí hay poco o nada que hacer, parece ser un caso perdido.
El momento político de los partidos de la Liberación Dominicana y Reformista Social Cristiano no les da posibilidades de triunfo porque ningún partido gana las elecciones si no está unido internamente. De ese modo, Hipólito Mejía, con su partido cohesionado y con vocación de alcanzar el poder, y con el apoyo de sectores sociales que evidencian cansancio frente al gobierno, ganará la presidencia con amplio margen en la primera vuelta y se demostrará que en política se puede pasar de la nada a la presidencia.
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