jueves, 11 de noviembre de 2010

El tren de la unidad y la victoria

Por JUAN TH 

Era un tren grande. De cien vagones. En principio estaba prácticamente vacío con apenas un dos por ciento. El conductor, un experimentado maestro, conocedor de la ruta del éxito, invitó a todos sus compañeros de partido a una travesía que parecía imposible no sólo por el dos por ciento, sino por el “nunca jamás” y otros obstáculos. Un grupo de intrépidos decidió acompañar al viejo dirigente en la empresa de volver a ganar la simpatía de su partido para desde esa plataforma retomar el poder perdido. 

El primer vagón no se llenó. Sobró espacio. Mucho espacio. 

El indomable conductor arrancó. La locomotora apenas se escuchaba mientras avanzaba. 

En cada estación se detenía a recoger a sus amigos y compañeros a quienes les predicaba sus propósitos de volver al Palacio Nacional como presidente de la República. La gente lo vio nuevo, distinto, con ganas y con garras. ¡Y le creyó! 

Aquel viejo zorro de la política, restablecido jurídicamente, fue tomando cada vez más fuerzas. En cada estación lo esperaba cada vez más gente. 

Rápidamente el primer vagón se llenó por completo. Más tarde el segundo y el tercero. El crecimiento fue espectacular. Muchos de adentro y de afuera se quedaron perplejos al ver el fenómeno. Un muerto político se levantaba de su tumba años después de haber sido enterrado. Los que antes se burlaban de su osadía, los que lo creyeron derrotado para siempre, los que no creían en su capacidad de levantarse de sus propias cenizas, lo vieron como se convertía en una montaña política-electoral. 

El dos por ciento se convirtió en el diez por ciento, luego en el veinte, el 30, el 40 y ahora supera el 60, con una tendencia indetenible a continuar creciendo. 

Ver para creer. 

De los cien vagones del partido, más de 60 están repletos de hombres y mujeres dispuestos a luchar para que el conductor del tren, el Capitán, lo lleve a su destino. 

En cada estación centenares de compañeros y compañeras de su partido lo esperan con avidez para escuchar sus palabras de fe y esperanza. 

Las puertas del tren de la victoria están abiertas para todos porque todos son importantes para llegar a la meta. No hay exclusiones. Es el tren de la unidad. El líder los espera a todos con una sonrisa, un apretón de manos o un abrazo fraterno. No anida odio ni rencor contra ningún compañero. Borrón y cuenta nueva para todos los que entren al tren de la fe y la esperanza. 

El viejo y experimentado conductor de masas espera completar la primera etapa de su ruta después de marzo del año entrante cuando habrá ganado la convención y unificado al partido llenando los cien vagones de su tren de unidad y victoria. 

En cada parada se escucha el coro entusiasta de la gente que grita: “ahí viene el tren, ahí viene el tren, el tren de la unidad”. “Ahí viene el tren, ahí viene el tren, el tren de Papá”. 

Hipólito Mejía, con el tren lleno de pasajeros del PRD, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, tomará la ruta que lo conducirá al Palacio Nacional el 16 de agosto del 2012.

No hay comentarios:

Publicar un comentario